El canadiense Hesjedal, la gran sorpresa, se adjudicó con toda brillantez el Giro de Italia. Nos escribe Gerardo Fuster

Cuando se inició este Giro en tierras danesas, un aliciente original planeado por los organizadores italianos, nadie imaginaba que Ryder Hesjedal (31 años), nacido en la población de Victoria, enclavada en la Columbia Británica, en la parte oeste del Canadá, consiguiera día tras día, pacientemente, moldear tan valiosa hazaña, hazaña bien trabajada, aún tomando en consideración su edad y su historial deportivo de poco vuelo. Su larga experiencia dándole a los pedales, le ha servido muy eficazmente resistiendo, por un lado, con voluntad férrea los duros embates de la alta montaña, y, por el otro, en el último día, al desenvolverse con manifiesta autoridad en el difícil sector individual de contrarreloj, que constaba de un itinerario de apenas una treintena de kilómetros, celebrado en el entorno de la ciudad de Milán, encerrada toda ella en apoteosis.
Apostábamos que Hesjedal era un consumado especialista frente a las manecillas del cronómetro, su recurso de última hora como así fue. Superó a Rodríguez en 47 segundos, los suficientes para echar por tierra las ilusiones que venía acumulando en su interior el ciclista catalán, que ha corrido, dicho sea de paso, con extrema cautela, acompasando adecuadamente los esfuerzos cotidianos exigidos por el rigor de la prueba. En el balance definitivo, uno echa cuentas y comprueba que han sido tan sólo dieciséis segundos los que han decantado el triunfo a favor del vencedor. Valga la paradoja en saber que el Giro constaba de una distancia total a recorrer de 3.476 kilómetros, lo cual es una cifra notable que contrasta con ese cómputo de tiempo registrado al final. En este caso los segundos se cotizaban no a precio de oro, sino a coste de diamante.
En Canadá, al otro lado del mar Atlántico, están de fiesta gracias a la exhibición rutilante llevada a cabo por Ryder Hesjedal en el curso de un Giro caracterizado por su enorme dureza, centrada más bien en los contrafuertes alpinos de las Dolomitas. Resulta que este ciclista es el primero de este lejano país que inscribe su nombre con letras de oro en la relación de vencedores. Son ya noventa y cinco ediciones las que han ensalzado la historia del Giro. Estamos seguros que su gesta tendrá una enorme repercusión deportiva en aquellos confines. Es más que probable que la bicicleta y sus practicantes crecerán por doquier. Es un factor que nos alegrará bien de veras y que queremos recalcar aquí. La demostración de Ryder Hesjedal en las mismas calles de Milán fue impecable. Nos llamó poderosamente la atención la exhibición de que hizo gala este ciclista dándole a los pedales con constancia en la lucha extenuante que exigía el cronómetro. Su estilo era impecable, depurado y armónico en todos los sentidos, cuál fuera una danza magistral. Fue esta otra faceta que nos impresionó en gran manera y que en justa medida deseábamos también señalar al redactar este postrero párrafo dedicado a los lectores, y, sobre todo, a favor de este deporte que nos apasiona y que tantos atractivos posee.

Gerardo Fuster

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