El irlandés Daniel Roche impone su ley en la Volta a Catalunya. Nos escribe Gerardo Fuster

Esta vez, hay que decirlo, la Volta a Catalunya ha realizado un loable esfuerzo por parte de sus organizadores al conseguir la participación de un buen lote de figuras de prestigio internacional, que presagiaban una competición con no pocas emociones. Se barajaban básicamente ciclistas tales como el británico Wiggins, el canadiense Hesjedal, el australiano Evans y el italiano Scarponi, y, por otra parte, sobresalían entre los nuestros el catalán Joaquín Rodríguez y el murciano Alejandro Valverde, entre algunos otros. Rompiendo moldes y expectativas surgió inesperadamente el irlandés Daniel Roche, que realizó una gran gesta en la etapa reina, la 4ª, que culminaba en la cima del Puerto Ainé, emplazado en el corazón de los Pirineos. Roche cobró una vital ventaja de tiempo sobre sus adversarios más directos y automáticamente en aquella jornada conquistó el liderato, liderato conservó hasta su fin.
En el cascarón del minuto
La ronda catalana se ha mantenido latente hasta su conclusión que tuvo lugar en la ciudad de Barcelona, en la tradicional montaña de Montjuïc, que sigue siendo un lugar representativo para los aficionados al ciclismo. Las siete etapas en litigio cobraron cierto interés y más ante la incógnita de quién podría ser el ganador. La tabla general de la clasificación, día tras día, se ha mantenido bajo unas escasas diferencias de tiempo entre unos y otros concurrentes. Como dato orientativo basta recalcar que a su finalización, con sus resultados definitivos, los cinco primeros clasificados quedaron encerrados bajo el cascarón del minuto. Por suerte hubo dos etapas certeras de alta montaña con llegada en las cimas del Vallter-2000 y Port Ainé, que definieron la situación en gran manera. Las demás etapas fueron un poco de relleno.
Roche supo defender su posición hasta el final
El ciclista irlandés, en algunas fases en el curso de las postreras etapas cuando ya lucía la elástica de líder, supo defender su corona con cierta astucia en detrimento del que era su rival más directo, Joaquín Rodríguez, que conquistó a fin de cuentas el segundo lugar en el podio. Diecisiete segundos de desventaja marcaron la derrota, a pesar que hubo gentes que conservaban ciertas ilusiones, especialmente en la última etapa. Se intuía que la dureza que suponía el escalar ocho veces la montaña de Montjuïc, una escalada de tercera categoría, con una pendiente del 5,7% y rampas incluso del 8%, podía trastocar la clasificación a favor del hombre de Parets. Frente al marcaje estricto de Roche, toda una sombra, no hubo nada a hacer. Así se escribió el último capítulo de la Volta, con una victoria parcial que correspondió al belga Thomas De Gendt, espoleado muy cerca por el belicoso corredor de Barakaldo, David López. El italiano Scarponi, en este último y decisivo asalto, desbancó al bravo ciclista colombiano Nairo Quintana en la tabla. El transalpino, que había sido el vencedor absoluto de la ronda catalana de hace un par de años, esta vez se debió contentar con ser tercero, subiendo al podio de los escogidos, confirmando que sabía de qué iba esta carrera.
¿Quién es Daniel Roche?
Procede de familia de ciclistas. Nicolás Roche, que es todavía ciclista en activo, es primo de él. Su tío, Stephen Roche, lo recordarán, logró vencer en varias carreras de indudable categoría. Tuvo un año rutilante como pocos. En una misma temporada, se permitió el lujo de ganar el Giro de Italia, el Tour de Francia y para redondear la fiesta el enfundarse la camiseta irisada de campeón de Mundo de carretera. Estos triunfos corresponden al año 1987.
Roche (26 años), aunque irlandés, nació en el Reino Unido, concretamente en Birminghan, situada en la región de West Midlans, la segunda ciudad industrial del país. Alguien ha dicho que es la ciudad de los mil negocios; es decir, una ganga económica para los amantes a invertir dinero en tal cosa o en tal otra. Se abrigan allí muchos inmigrantes que van en pos de fortuna. De ahí que los padres de Roche optaran por desplazarse a tierras inglesas. Los irlandeses representan el 2,8% de la población viviente.
Es ciclista profesional desde hace cinco temporadas. Vale la pena dilucidar que ya en el año 2009 concurrió en la Volta a Catalunya, conquistando el segundo lugar tras el murciano Alejandro Valverde. Repitió este resultado al cabo de un par de años tras precisamente el italiano Michele Scarponi. Posee triunfos en la clásica Tres Valles Varesinos (2010) y en aquel mismo año se llevó la Vuelta a Polonia, por etapas. En la temporada siguiente venció en la Vuelta a Toscana. Asimismo, concurriendo en la Vuelta a España, en donde puntuó en el 13º lugar, con el mérito de haber conseguido ganar la 9ª etapa, que llegaba al Alto de La Covatilla, en la Sierra de Béjar. El cántabro Juan José Cobo ganó muy de sorpresa la ronda española.
Actualmente está encuadrado en el equipo estadounidense Garmin-Sharp. Por el período de algunos meses suele vivir no lejos de la capital de provincia, Girona. No deja de ser un orgullo para los catalanes. Sus amigos más cercanos, le suelen apodar por Dan. Así de simple.
Algún eco estadístico
Como final y como simple curiosidad, revisando la clasificación definitiva de esta Volta a Catalunya que acaba de cumplir su 93ª edición, nos percatamos de que entre los doce primeros puestos solamente figura un ciclista español, Joaquín Rodríguez (2º). Todos los demás son extranjeros, y, además, cada uno representa a un país distinto. En el 13º lugar, se encuentra al corredor norteño Mikel Nieve, oriundo de Leitza, que no deja de ser para nosotros un consuelo.
Con Roche es la tercera vez que un irlandés se adjudica la Volta. Con anterioridad lo hizo el conocido Sean Kelly (1984-86). Los representantes españoles se llevan la palma de victorias, con 57. A la zaga, un tanto alejada, figura Francia, con 11.

Gerardo Fuster

Purito y Daniel Martin

Gerald Ciolek asombra en la clásica de apertura Milán-San Remo. Nos escribe Gerardo Fuster

Se aguardaba con evidente interés el saber tal como se iba a desarrollar la clásica de apertura oficial de la temporada ciclista, la Milán-San Remo, una carrera que encierra una historia de prestigio. Ante unas condiciones climatológicas dantescas acosadas por la lluvia e incluso por la nieve, la prueba se vio obligada a realizar dos neutralizaciones de rigor, suprimiendo un considerable número de kilómetros, dejando sin efecto los pasos del Turchino, un punto de alta tradición, y la subida Le Maìne, una ascensión de contundente dureza. Entre una cosa y otra, uno ha tenido la sensación de que la carrera perdía en esta 104ª edición parte de su verdadera esencia. En el último respiro, Gerald Ciolek superó por escaso margen al eslovaco Peter Sagan, que era considerado de antemano el máximo favorito.

Un tiempo dantesco
Con el factor tiempo en plena revolución la competición, al menos en su primera parte, adquirió un tono más bien conformista. No valía la pena protagonizar aventuras sobre un asfalto empapado bajo el agua que atentaba seriamente a los ciclistas. Fueron pasando lo kilómetros sin hechos dignos de mención, salvo una escaramuza iniciada en el kilómetro 10, que involucró a tres ciclistas italianos deseosos de hacerse notar: Filippo Fortin, Diego Rosa y Matteo Montaguti, acompañados, además, por el ruso Maxim Belkov, el danés Lars Bak y el español Pablo Lastras, que enfundaba la vestimenta de Movistar Team. Llegaron a poseer una ventaja de doce largos minutos. A pesar de este botín todos sabíamos que el intento tarde o temprano iba a morir como así fue.

La pugna por el triunfo
En la parte postrera se produjo el desenlace que dio movilidad y emoción a la prueba en cuestión. Surgieron tres corredores audaces. Se trataba del inquieto corredor francés Sylvain Chavanel, siempre guerrero, el inglés Ian Stannard y el ruso Eduard Vorganov, que desistiría algo más tarde en el intento. Quedaba por salvar el último obstáculo de la jornada, que consta de 4 kilómetros de ascensión y un porcentaje medio de pendiente del 3,7%. El aliciente radicaba en saber qué acontecería en la cima del Poggio, que se alza a tan sólo 7 kilómetros de la línea de llegada. A los dos que quedaron en vanguardia se les unió un cuarteto de peso integrado por el eslovaco Peter Sagan, el suizo Fabián Cancellara, el italiano Luca Paolini y el alemán Gerald Ciolek. La victoria, pues, se dirimió entre las seis unidades. El grupo perseguidor, algo más numeroso, con casi medio minuto de retraso ya no tenía nada a hacer. Se apostó por Peter Sagán, velocista nato por excelencia, que en esos inicios de temporada lleva acumulados cinco triunfos en su zurrón. Pero el pronóstico como tantas otras veces no se cumplió.

Ciolek supo romper moldes
Gerald Ciolek, pegado a su rueda, desplegó en los últimos metros toda su astucia y poder , rebasando por un escasísimo margen al corredor eslovaco. El tercer lugar correspondió al suizo Fabián Cancellara, quedando tras su estela Sylvain Chavanel (4º), Luca Paolini (5º) y Ian Stannard (6º). Los españoles se dejaron notar gracias al concurso de Pablo Lastras, el ciclista de San Martín de Valdeiglesias, que protagonizó la escapada matutina con otros cinco escuderos tal como se ha mencionado más arriba. Vale la pena hacer hincapié en torno a la actuación destacada de Lastras, un veterano con 37 años sobre sus espaldas. De la misma manera consignar la 11ª posición final conseguida por el ciclista cántabro Francisco José Ventoso.
Con todo, Ciolek (26 años), es considerado también un buen velocista. Basta contemplar su historial que cuenta con significativas victorias de etapa. Es profesional desde el año 2005. Nació en la ciudad de Colonia, junto al río Rin, el mayor río de Alemania (1320 kilómetros), navegable al libre tráfico internacional. Pertenece a la escuadra MTN-Qhubeka, radicada en Sudáfrica. El equipo se nutre básicamente de corredores aquel país, aunque también se refuerza con ciclistas europeos. Posee hasta la fecha 24 victorias, destacando su título mundial en la categoría Sub-23 de fondo en carretera, celebrado en Salzburgo (Austria), en el año 2006. Méritos no le han faltado, aunque últimamente ha estado pedaleando más bien en la penumbra.

¿Qué nos cuentan las estadísticas de esta clásica?
Debemos destacar el de que es el belga Eddy Merckx el que ha alcanzado un mayor número de victorias en esta prueba tan cotizada. En siete ocasiones logró ser primero, al que siguen el italiano Constante Girardengo, con seis, y el alemán Erik Zabel y el italiano Gino Bartali, con cuatro. Por Países, sigue afianzada la nación italiana, con 50 primeros puestos. Bélgica queda un tanto distante con 20. Mientras en un escalón muy inferior se encuentra Francia, con 12. A continuación reseñamos a Alemania, con 6, al sumar este triunfo de Gerald Ciolek, y a España, con 5, gracias a la contribución mostrada por Óscar Freire (2004-07-10) y Miguel Poblet (1957-59), nuestros dos paladines que son ya historia.

Gerardo Fuster

milan san remo

milan san remo

El belga Sven Nys se proclamó campeón mundial de ciclocross-2013. Nos escribe Gerardo Fuster

Los Campeonatos Mundiales de ciclocross, por vez primera, han tenido lugar al otro lado del océano Atlántico, concretamente en Louisville, que se sitúa en el Estado de Kentucky. Habitualmente Europa era la sede en lo que concierne a la disputa de esta modalidad terriblemente dura. Nos ocupamos aquí acerca del desarrollo habido en el campo profesional, cuyo título es el que más repercusión tiene. Cabe elogiar el triunfo absoluto conseguido por el veterano corredor belga Sven Nys, que ya conquistó la camiseta irisada en la temporada del 2005, un eco que ahora nos parece un tanto lejano. No en vano han transcurrido ocho largos años. Una vez más, los especialistas belgas han en cierta manera impuesto su ley de todas a todas, manteniendo su dominio que ya viene de años. Ningún país, por ahora, se siente con ánimos para hacerle sombra.

La carrera debió adelantar por un día la fecha de celebración tras el anuncio adverso sobre las condiciones climatológicas, con temperaturas de diez bajo cero, nieves abundantes, hielo y el que se intensificara la intensidad del viento, ingredientes desatados impuestos por la naturaleza. Aún así la prueba pudo celebrarse, acogiendo a cuarenta y seis concurrentes entre los cuales se encontraban los dos representantes españoles: Aitor Hernández, nuestro actual campeón de España de esta modalidad, y Javier Ruíz Larrinaga, puntual de años en esta cita.

El Eva Bandman Park, escenario en donde debía disputarse la confrontación, ofrecía un aspecto algo desolador ante la presencia de barro y nieve, una mezcla más bien explosiva para los animosos atletas del pedal, que en varios tramos debían apearse y cargar sobre sus espaldas las pesadas bicicletas.

En el curso de los primeros compases se vislumbraron sendas iniciativas individuales. Primero a cargo del francés Francis Mourey, y más tarde por obra del checo Martin Bina. Los dos, por separado, tenían ganas de hacerse notar, pero sabían que en la parte decisiva verían ahogadas sus esperanzas. Cupo anotar también al belga Kevin Pauwels, uno de los favoritos más sólidos en este campeonato, que sufrió un aparatoso salto de cadena a dos vueltas del final, viendo en consecuencia truncadas sus posibilidades para enfrentarse a sus dos compatriotas oponentes del ramo: Sven Nys y Klaas Vantornout, que a fin de cuentas fueron los que disputaron el título en litigio, clasificándose en este orden. Vantornout, que tenía más opciones, perdió la oportunidad en el curso de la última vuelta al sufrir un inesperado accidente con unas redes de una valla, hecho que dejó en libertad al veterano Sven Nys, que parecía tener alas en los pies volando hacia la meta. A continuación apareció el holandés Lars Van Der Haar, a 25 segundos, lo cual le permitió pisar podio, siguiéndole el belga Bart Wellens (4º) y el alemán Philipp Walsleben (5º).

Los españoles, siquiera por tradición, realizaron una actuación más bien discreta. El soportar las condiciones terriblemente desfavorables impuestas por la naturaleza no dejó de ser un condicionante que valora de por sí el extenuante esfuerzo realizado. Aitor Hernández (23º) y Javier Ruíz Larrinaga (28º) cerraron nuestro ciclo.
Dicen los expertos que lo que favoreció notablemente la prestación de este veterano llamado Sven Nys, nacido en la población de Bonheiden, fue sobre todo el saber andar en esa tormentosa jornada sobre el barro acumulado, un ingrediente atroz. Ha encontrado una gloria bien merecida tras quince años de vida profesional, que le han permitido acumular un brillante historial deportivo con 250 victorias. Su intención, así lo ha manifestado, es abandonar el ciclismo activo definitivamente. Ahora la circunstancia, pensamos nosotros, es más que propicia. Dejar el ciclismo en plena euforia.

Gerardo Fuster

Sven Nys

El ciclocross, una modalidad ciclista con atractivo. Nos escribe Gerardo Fuster

Antecedentes
De un tiempo a esta parte tenía la intención de plasmar en este espacio que habitualmente se me reserva algo que hiciera referencia a una especialidad con que cuenta el mundo del pedal y que quizá aquí valdría la pena realizar siquiera un comentario alusivo a esta modalidad que se escapa de las convencionales pruebas de carretera o de pista que los aficionados, por descontado, siguen bastante más de cerca en aras a la popularidad.

Un buen amigo de la publicación “My Beautiful Parking”, que posee a todas luces un corazón entusiasta, me transmitió esta idea de escribir algo acerca de los que los franceses o ingleses denominan cyclo-cross, o bien que nosotros denominamos ciclocross, esta dura disciplina ciclista que encontró su inicio y hasta plenitud a mediados del pasado siglo XX a través de unos esforzados ciclistas, actores, que encumbraron esta nueva especialidad bajo el dominio preferente llevado a cabo con preponderancia por parte de representantes del país galo. Cupo destacar de manera destacada, en aquellos inicios, los franceses Dufraisse, Robic y Rondeaux. Luego, con el pasar de los años este reinado pasó a ser propiedad, salvo excepciones, de otros atletas del pedal procedentes de países tales como Bélgica o bien la misma Holanda, la tierra de los tulipanes.

¿Qué es eso del ciclocross?
¿En qué consiste esta modalidad deportiva de la bicicleta?, se preguntarán algunos. No es otra cosa que realizar un número determinado de vueltas alrededor de un circuito, con tramos de carretera asfaltada, caminos más o menos tortuosos, que sortean a veces sendos prados un tanto extensos. El recorrido por sistema reúne cierta dureza, involucrando una serie de obstáculos, naturales o bien artificiales, que forzosamente obligan al corredor participante a bajarse de la bicicleta para cubrir en mejores condiciones un trecho amenazante y hasta peligroso, vuelta tras vuelta.

Las bicicletas son especiales, con neumáticos anchos y dibujados debidamente para mejor resistir y soportar las incomodidades del terreno. Posee un eje de “pedalier” más bien alto para poder salvar las irregularidades o elevaciones inesperadas del recorrido. Va provista de frenos por partida doble con el fin de solventar el barro que suele acumularse en sus puentes de sustento. Hay que tener en cuenta que, por lo general, el calendario vigente que sustenta las competiciones oficiales de ciclocross se centra más bien en la época invernal, estación propicia para la práctica de este deporte un tanto singular. No es de extrañar que imperen los fríos, las lluvias e incluso las nieves, y así otros detalles adversos que no vamos a exponer para no alargar en demasía el contenido de este reportaje.

Hombres de reconocido prestigio
El máximo acaparador de títulos mundiales en esta escala, siempre centrándonos en el campo profesional, fue el conocido ciclista flamenco Erik de Vlaemick, que también cosechó laudables méritos en la especialidad de carretera. Logró alcanzar nada menos que siete títulos mundiales, que no son pocos. A continuación, con cinco, figuran el francés André Dufraisse, el italiano Renato Longo y el suizo Albert Zwiefel. Con cuatro, reluce el belga Roland Liboton.

Dentro del historial global es significativo, desde su instauración, destacar el dominio predominante ejercido por Bélgica, con 26 triunfos o títulos con la camiseta irisada, al que le siguen Francia, con 10; Suiza, con 7, y Alemania e Italia, con 6. España, nuestra nación, no ha logrado imponer su ley a lo largo de las sesenta y tres ediciones celebradas hasta el día de hoy. En la primera edición, que acapara los años1949-50, se impuso el corredor galo Jean Robic, que con su pequeña figura hizo verdaderas filigranas, distinguiéndose, lo recordamos, por su temperamento vivo puesto en la contienda, así como su alta pericia y abierta habilidad.

Louisville, sede de los próximos mundiales
Este año, el Campeonato mundial tendrá lugar en la población americana de Louisville, una página inédita, es decir, al otro lado del océano Atlántico. La citada población se erige en el Estado de Kentucky, a orillas del Ohio, emplazada más bien en la parte central este de Estados Unidos. Se ha escrito en los libros de historia que Louisville fue fundada en 1773 con el nombre de Falls City, que se traduce por la Ciudad de las Cascadas, frase que está en clara consonancia con aquella región en donde proliferan los saltos de agua y en donde es intensa la navegación fluvial. Dentro del campo industrial predomina a gran altura la elaboración de tabaco, un ingrediente que se exporta por todos los rincones de nuestro globo terráqueo.

Gerardo Fuster

Erik de Vlaemick

Final del sufrimiento

Recordando al ciclista Fiorenzo Magni. Nos escribe Gerardo Fuster

Hará poco más de un mes que se difundió en los medios informativos la triste noticia del fallecimiento del ciclista italiano Fiorenzo Magni, un atleta del pedal de características muy peculiares que marcó en su época un hito importante en el campo de la bicicleta. No podemos silenciar este hecho y más tomando en consideración la categoría innata de este campeón italiano que destacó entre los años 1940 y 1956.

Antes de adentrarnos con más detalle en la figura de Fiorenzo Magni, quisiéramos hacer hincapié en un factor que marcó la pauta de este ciclista que destacó precisamente en los años más alucinantes que nos ha brindado el ciclismo italiano. Magni surgió sin lugar a dudas en la época de oro, de más alto esplendor, impuesta por los corredores transalpinos. Magni se erigió como el tercer hombre representativo de la nación italiana. Por encima de él sobresalieron de manera más destacada sus otros dos compatriotas Fausto Coppi y Gino Bartali. Los tres corredores, casi invulnerables, llevaron la batuta de los éxitos en la mayor parte de las competiciones internacionales. Nunca Italia puso el listón tan alto. Aparecieron, eso sí, otros ciclistas que trataron de superar aquel pasado inolvidable de gloria, cosa que no consiguieron. Nombremos a Gastone Nencini, Ercole Baldini, Felice Gimondi, Giani Bugno, Francesco Moser, Giuseppe Saronni e incluso Claudio Chiappucci. Ninguno de ellos logró devolver la esperanza lisonjera del ciclismo italiano.

Fiorenzo Magni era oriundo de la región de la Toscana, en una zona más bien llana como la palma de la mano. Nació en la pequeña localidad de Vaiano di Prato, el 7 de diciembre de 1920; es decir, acaba de fallecer a la edad de 91 años. Cabe reconocer que su infancia fue más bien difícil, agresiva. Su padre se ganaba la vida limitadamente regentando una pequeña entidad de transportes en la cual su hijo, Fiorenzo, colaboró desde la temprana edad. Dejó los estudios de escuela pronto, entrando un poco de carambola en el mundo del pedal. Como simple corredor aficionado, consiguió algún éxito aislado a la edad ya de dieciséis años. Le habían sugestionado las gestas plasmadas por los héroes de aquellos tiempos que las gentes seguían a través de los periódicos. Sonaban con preferencia los nombres de Alfredo Binda y Learco Guerra. Pero la figura que encandiló a Magni fue la de Gino Bartali. Se consta que pudo adquirir una primera bicicleta por tan sólo 300 liras, que no se sabe quién en realidad se la pagó. Sobre la bicicleta destacó por su coraje y fortaleza.

En el año 1940 debutó como corredor profesional, ejerciendo una labor más bien oscura, silenciosa; es decir, el prestar su ayuda y sus servicios a favor de otros, léase compañeros de equipo. En realidad nuestro hombre, Fiorenzo Magni, se dio a conocer de manera fehaciente en el Giro de Italia de 1948, al imponerse sobre su compatriota Ezio Cecchi, por el escaso margen de tan sólo once segundos. Hubo revuelo entre los aficionados ante aquella victoria que fue altamente discutida ante el fallo emitido por los jueces de la prueba, que penalizaron a Magni con dos minutos al haber sido empujado en la ascensión de la montaña dolomítica del Pordoi por algunos entusiastas algo alocados que no entendían de reglamentos. El equipo Bianchi, que comandaba Fausto Coppi, no contento con el veredicto emitido decidió abandonar la prueba.

Con todo, cabe señalar que vencería igualmente en las ediciones de los años 1951 y 1955. En esta última victoria contribuyó eficazmente el apoyo fortuito prestado por Fausto Coppi, lo que son las cosas, que le ayudó en la penúltima etapa, que finalizaba en ciudad de San Pellegrino. Magni consiguió desbancar por los pelos a su compatriota Gastone Nencini, que era portador de la camiseta rosa de líder. Magni, efectivamente, conquistaría la cotizada corona, que significaría su tercer Giro. Aún así la actuación de Magni prevaleció también en esta competición en la temporada 1952, en la que alcanzó el segundo puesto absoluto tras Coppi. De la misma manera, conquistó la misma posición de honor en 1956 tras el luxemburgués Charly Gaul, denominado comúnmente como el Ángel de las montañas.

Tuve la interesante oportunidad de mantener amistad con Fiorenzo Magni, que no era precisamente una persona de carácter extrovertido, aunque siempre transparentó sinceridad en sus conversaciones. Recuerdo que en cierta ocasión le pregunté, concretamente en la Vuelta a España del año 1955, que se adjudicaría el francés Jean Dotto, si había sufrido alguna frustración a lo largo de su carrera deportiva. No titubeó ningún momento en manifestármelo. Su trascripción fue publicada en las páginas del desaparecido semanario “Vida Deportiva” en el cuál colaboraba habitualmente. Recuerdo su explícita respuesta:

En el Tour de Francia de 1950, poseía la camiseta amarilla de líder al afrontar las sendas etapas pirenaicas. Mi compatriota y compañero de equipo, Gino Bartali, sufrió un encontronazo involuntario sobre una rueda del corredor galo Jean Robic. Fue incidente que los aficionados franceses no le perdonaron. Al día siguiente, en el puerto del Aspin, se afanaron un tanto injustamente a poner palos en las ruedas de los corredores italianos. El más afectado fue Bartali. Todo el equipo decidió abandonar la prueba. Era en la 12ª etapa, Saint Gaudens-Perpiñán. La camiseta que yo portaba con tanta ilusión pasó a ser propiedad del suizo Ferdinand Kubler, vencedor en París.

Otro desencanto lo tuve en el Campeonato del Mundo de fondo en carretera (1952), que se celebraba en el Ducado de Luxemburgo, carrera que estuve muy a punto de adjudicarme. La mala suerte se produjo a pocos kilómetros de la meta, cuando iba destacado en cabeza. Rompí mi sillín. Todas mis esperanzas se esfumaron en un momento. El ganador del título mundial fue el alemán Heinz Müller, un ciclista casi desconocido. Me debí conformar con ser el cuarto.

A Magni le llamaron el “León de Flandes” en virtud de sus tres triunfos consecutivos en la dura competición clásica Vuelta a Flandes (1949-50-51), que lideró con indudable autoridad. En la primera edición victoriosa se desplazó a la nación belga bajo su cuenta y riesgo en ferrocarril, sin el apoyo de nadie. Era poco conocido todavía en las lides ciclistas.

Debemos consignar que a lo largo de su historial encontramos un total de 47 victorias. Es de destacar, entre otras cosas, el de que en sus participaciones en el Giro sumara un total de seis triunfos de etapa. En el Tour lograría la cifra de siete, y en la Vuelta a España de 1955, se permitió la honra de ser primero en tres etapas, centradas en Barcelona (7ª), Valladolid (13ª) y Bilbao (17ª). Son valores estadísticos dignos para tener en cuenta por parte de los aficionados que sientan predilección por los números.

No quisiéramos cerrar esta breve glosa en torno a este inolvidable forjador de kilómetros llamado Fiorenzo Magni sin hacer mención de su gran envergadura física, algo que llamó poderosamente la atención. Fue considerado uno de los ciclistas más arrojados y hasta suicidas en los descensos de los grandes puertos de alta montaña. Su peso, que no le daba ventaja subiendo, le permitía en gran manera recuperar el tiempo perdido con respecto a sus adversarios.

Se retiró definitivamente en el año 1956 tras vencer en la Vuelta al Piamonte y la Vuelta al Lazio, alcanzando asimismo un meritorio segundo puesto en el Giro de Italia, tal como lo hemos apuntado más arriba. Su hazaña fue heroica, si es que se puede catalogar así. Todo vino como consecuencia de haber sufrido una aparatosa caída con fractura de clavícula. No abandonó la ronda italiana y se sobrepuso al sufrimiento, soportando con enorme entereza este contratiempo que le obligaba a apoyar con dificultad sus manos sobre el manillar. Para paliar el dolor se valió de una venda sujeta al citado manillar por un extremo de la misma y por la otra punta no encontró mejor solución que sostenerse, aminorando el dolor, con sus dientes. Fue una valentía que a todos nosotros nos impresionó. No se nos borra de nuestra mente una acción así.
Gerardo Fuster

Fausto Coppi y Fiorenzo Magni en el Giro de Italia de 1955

Fausto Coppi y Fiorenzo Magni en el Giro de Italia de 1955

Gerardo Fuster, autor del reportaje, entrevistando a Fiorenzo Magni en la Vuelta a España-1955

Gerardo Fuster, autor del reportaje, entrevistando a Fiorenzo Magni en la Vuelta a España-1955

Un duro golpe para el ciclismo. Nos escribe Gerardo Fuster

Al fin acaba de difundirse de manera oficial el veredicto de la Unión Ciclista Internacional (UCI) en torno a lo que ya había siendo noticia, caso dopaje, en el transcurso de estos últimos meses a través de la mayor parte de los medios informativos.
La triste historia ha fulminado de manera directa al ciclista estadounidense Lance Armstrong, idolatrado en todos los confines del globo por sus asombrosas prestaciones realizadas con preferencia en el célebre Tour de Francia, la prueba más importante del calendario rutero internacional, al triunfar en siete ediciones consecutivas. La última se remonta al año 2005; es decir, han trascurrido siete años para que todo su prestigio acumulado se haya derrumbado como un castillo de naipes. Todo se ha esfumado; ha quedado en nada.
La noticia, este fallo que acaba de salir a la luz, nos ha causado una desagradable impresión y al mismo tiempo una gran tristeza por el significado y la repercusión negativa que ha tenido y tiene en todos los ámbitos deportivos y en los que no lo son. Este fogonazo a todas luces funesto ha servido, dada su aparatosidad, para romper en cierta manera con las estructuras que sostienen las grandezas que encierra el ciclismo, que no son pocas. El pasado nos proclama sus portentosas e inolvidables gestas.
La UCI acaba de fallar tras el informe extensísimo emitido por USADA, el organismo estadounidense que decidió destapar el caso, con pelos y señales, el 13 de junio de este año. Se desposee a Lance Armstrong de los siete títulos alcanzados en el Tour, y posiblemente de otras victorias logradas en competición. Todo de por vida queda a cero. Han repercutido igualmente las declaraciones formuladas por sus antiguos compañeros de equipo, tales como Zabriskie, Leipheimer, Landis o Hamilton, entre otros. Esta sentencia, la más dura planteada en la esfera ciclista de todas las épocas, podría ser recurrida por Armstrong ante el TAS (Tribunal de Arbitraje del Deporte), aunque todo hace presagiar que la cosa quedará tal como está y no habrá una interposición al respecto. Al menos Armstrong, en su día, anunció esta intención.
Antes de finalizar este escrito, quisiéramos tratar de dilucidar el porqué este tema ha salido a la luz a estas alturas tras quedar tan alejado su postrer triunfo acontecido en el año 2005, el último de la serie. Un largo período que denota un encubrimiento por parte de varias personas responsables también alrededor del poderío suscrito por Lance Armstrong, la estrella del ayer. Imaginamos que decidieron silenciar ciertas operaciones fraudulentas, si se quiere denominar así, mediante la implicación de sumas económicas, léase dinero, este poderoso caballero que muchas veces esconde verdades.
No queremos olvidar, por ejemplo, el de que Armstrong se mantuvo incólume en la palestra durante siete largos años. De haber sido descubierta su turbulenta actuación con anterioridad, haciendo referencia a los organismos responsables de acallar el dopaje, con controles y demás, sea tras su segunda victoria en el Tour o bien en la tercera, de seguro que los males que arrastramos hoy hubieran podido ser atajados de una manera más efectiva. El estadounidense habría sido descalificado en su justa medida de tal manera que las siete coronas o parte de ellas no hubieran incidido en su historial. Una sanción a tiempo hubiera encauzado esta cuestión bajo otra senda. Nadie duda que varias personas del entorno de Armstrong, con el pasar del tiempo, escondieran en su fuero interno lo que sabían. En fin, que no se jugó limpio hasta que años más tarde, demasiados, decidieran desempolvar o delatar el asunto, poniendo todas las cartas boca arriba.

Gerardo Fuster

Formidable victoria de Joaquín Rodríguez en la Vuelta a Lombardía. Nos escribe Gerardo Fuster

Triunfo sin precedentes el que acaba de lograr el ciclista catalán Joaquín Rodríguez en la clásica casi de cierre de la temporada rutera 2012, la Vuelta a Lombardía, que acaba de celebrar su 106ª edición, un testimonio que revaloriza esta prueba que posee un largo historial. Nuestra satisfacción no queda solamente aquí. El asturiano Samuel Sánchez pisó también podio a raíz de su segundo puesto en esta prueba denominada comúnmente como “La carrera de las Hojas Muertas”, identificada con la estación de otoñal.

Al escribir estas líneas en torno a la brillante actuación de estos dos corredores españoles no podemos por menos que elogiar con preferencia el valor de esta victoria conseguida por Joaquín Rodríguez en una competición de alta categoría internacional. No es una corona adquirida como tantas otras. Tampoco podemos silenciar el de que este triunfo de Joaquín Rodríguez le ha propiciado el poder arrebatar el primer puesto que poseía el corredor británico Bradley Wiggins en la denominada clasificación mundial del UCI World Ranking, que premia al ciclista más destacado del año. Esta distinción a favor del corredor catalán la logró igualmente en 2010. Son datos que de por sí evalúan la categoría de este atleta del pedal de vocación algo tardía.

En el transcurso de esta temporada ha mantenido en vilo y en positivo a la afición. No ha habido medias tintas en sus páginas, gracias a su temperamento ponderado y a la vez batallador. Primero, al conseguir un segundo lugar en el Giro de Italia, tras haber vencido con autoridad en la clásica belga Flecha Valona, una victoria que no pasó desapercibida. Vino el consabido paréntesis del Tour de Francia, volviendo a ser protagonista en la Vuelta a España, en dura pugna con Alberto Contador y Alejandro Valverde. Estos hechos son signos palpables de la grandeza desplegada por este corredor que ha fraguado su camino con cierta humildad sin hacer alarde de sus gestas. La modestia que ha mostrado Joaquín Rodríguez a lo largo de su carrera deportiva ha sido algo que hemos admirado de él. No ha habido necesidad de vanagloriarse a raíz de sus continuados éxitos.

Es de destacar que tanto Joaquín Rodríguez como Samuel Sánchez han marcado en el curso de estas últimas temporadas un hito importante en esta Vuelta a Lombardía, en referencia a los lugares de honor cosechados. Dejando aparte lo de este año, un año de muchas flores, resulta que el corredor catalán, léase Rodríguez, ya fue tercero el pasado año, con victoria inesperada del suizo Oliver Zuagg. Por lo que hace referencia al corredor asturiano, cabe recalcar sus segundos puestos alcanzados en los años 2006-09, y su tercer lugar en la temporada 2007. Es de recordar en ficha aparte, el de que Pablo Lastras, consiguiera marcar el tercer lugar en el año 2010.

Retornando a este pasado que nos lleva a otros tiempos, también nos complace extender sobre el tapete otros corredores españoles particularmente agraciados en esta clásica internacional de tanto renombre. Destacamos que nuestro ciclista catalán Miguel Poblet consiguió inscribir su nombre, con un segundo puesto, en el año 1958, tras el italiano Nino Defilippis, mientras que al año siguiente, hizo el tercero, debiéndose inclinar ante los belgas Henri Van Looy y Willy Vannitsen, por este orden. Nos quedaba en el tintero consignar la actuación del norteño Marino Lejarreta (3º) en el año 1988.

Gerardo Fuster

Philippe Gilbert, un pletórico campeón mundial-2012. Nos escribe Gerardo Fuster

Todos sabemos que la esperanza es lo último que se pierde. Este aserto viene a tono a raíz del Campeonato del Mundo de carretera para ciclistas profesionales, que acaba de celebrarse en territorio holandés, en la región de Limburgo, cuya capital es la ciudad de Maastricht. La representación española constituía una gran atracción potencial dentro de este importante evento, cuyo pronóstico era acaparado también por el conjunto belga.
Nuestros ciclistas, nueve componentes, anduvieron siempre en línea de vanguardia, atentos a los acontecimientos, especialmente en los últimos coletazos de la carrera que tuvieron lugar con preponderancia en la última y decisiva vuelta. Cinco de nuestros ciclistas se mantuvieron en cabeza hasta el final con opciones incluso para hacerse con el codiciado título mundial, una sólida posibilidad. No eran otros que Óscar Freire, Samuel Sánchez, Joaquín Rodríguez, Alberto Contador y Alejandro Valverde. Este último fue el que a fin de cuentas supo sacar partido a su acción de fuerza, que le llevaría a conquistar la medalla de bronce, cosa que ya consiguió en el año 2006, sin dejar en olvido sus medallas de plata logradas en el 2003 y 2005. Son datos que nos delatan muy a las claras que el corredor murciano se desenvuelve con particular eficacia en ese género de competición en donde, dado el amplio número de participantes, el ciclista debe hacer uso de un sentido táctico oportuno e intuir el momento justo para atacar con una intención positiva. A fin de cuentas todo se jugaba en una sola jornada, entre la cara o bien la cruz. No había medias tintas. Impresionante el triunfo final del belga Philippe Gilbert, vencedor de dos etapas, en Barcelona (9ª etapa) y La Lastrilla (19ª), en la última Vuelta a España, que fue algo así como un resurgir ante una temporada de pocas flores, si entramos en comparación con las que había cosechado en el año anterior, con sendas victorias en varias clásicas de importancia dentro del marco internacional.

Un poco de historia en torno a la juventud de Gilbert

Gilbert, el héroe de hoy que nos ocupa, nació en la localidad de Veviers, en plena región de Valonia, en la parte meridional de Bélgica, población que adquirió cierta fama en el siglo XVIII al convertirse en un centro neurálgico en la producción de lana y su elaboración posterior. Nacido en el año 1982, se deduce por su edad que su vocación como ciclista fue más bien tardía. Soporta sobre sus espaldas 30 años. Es un hombre que se desenvuelve magníficamente en el mundo de las carreras clásicas.
Su padre, de nombre Joannot, había sido también ciclista. Fue más bien mediocre en cuanto a resultados. Philippe se aficionó por el ambiente de bicicletas que se vivía en su casa solariega. Especialmente también por la influencia recibida por parte de su hermano que le superaba en edad. Le seguía por todas partes, en compañía de su padre, que le llevaba en coche en las competiciones en las cuales participaba. Este fue motivo suficiente para lanzarse en pos del ciclismo activo, siguiendo los pasos de su hermano, con más glorias, tal como se ve, que fracasos. La primera victoria de Philippe Gilbert, dándole a los pedales, data de cuando cumplió los 14 años. Una carrera regional entre los chicos de su edad.
He aquí una somera pincelada en torno a Gilbert, esta estrella ciclista ya sumergida en la veteranía, que acaba de conseguir el máximo galardón en la esfera del pedal, exceptuando las prestigiosas carreras por etapas como son el Tour de Francia, el Giro de Italia y la misma Vuelta a España, eslabones máximos de nuestro calendario.

Gerardo Fuster

Memorable triunfo de Alberto Contador en la Vuelta a España-2012. Nos escribe Gerardo Fuster

La vigésima primera etapa, el último capítulo de la Vuelta, no registró alternativas de importancia tal como suele ser habitual. La clasificación absoluta no sufrió cambios y la jornada se convirtió en un paseo triunfal a favor de los ciclistas supervivientes, con especial homenaje dedicado a nuestro compatriota madrileño Alberto Contador, que se ha erigido como indiscutiblemente vencedor de la prueba, con el doble mérito de haber superado el difícil trance que supuso su apartamiento por un largo período de la actividad ciclista de resultas de un controvertido asunto de dopaje de cariz un tanto discutible en virtud de aplicar un reglamento poco conciso y que exigía ser actualizado por el bien de los atletas del pedal.
Acaba de concluir en Madrid, en un escenario que encierra una particular grandeza, con la victoria de etapa por parte de un velocista nato, una nueva promesa apellidada Degelkolb, alemán por más señas, que rubrica su quinto triunfo en la ronda española, una gesta digna de ser recordada, aunque todos sabemos que estaban ausentes la mayoría de hombres dominadores de esta arriesgada especialidad.
En la presente edición, más que otras veces, la Vuelta se ha caracterizado por sus constantes emociones y también por su incertidumbre ante el resultado final. Las altas montañas han tenido a todas luces un papel preponderante y resolutivo, en tanto que los sectores de contrarreloj han quedado algo marginados en un segundo plano. Contador, el explosivo corredor de Pinto, se ha mostrado en todo momento muy batallador hasta culminar una brillante e inesperada actuación en la cima de la localidad cántabra de Fuente Dé, término de la 17ª etapa, en detrimento de Joaquín Rodríguez, que ostentaba el liderato desde la cuarta etapa, con la intención de seguir vistiendo la cotizada camiseta roja hasta la misma Madrid, una ilusión que no pudo ser a pesar de que en la penúltima jornada, subiendo la ruda cuesta de la Bola del Mundo, se esfumaron sus esperanzas definitivamente, aun recuperando una parte del tiempo perdido con respecto a Contador y Valverde, los otros dos paladines que ha tenido la Vuelta. Los tres españoles, pues, ocuparon el podio. La legión de ciclistas extranjeros, en especial el británico Christopher Froome, se vio desbordada claramente ante el peso de la distancia y de los kilómetros.
Queremos dedicar un eco de elogio a favor de otros españoles que lograron con todo alcanzar sendos lugares de honor. No fueron otros que Daniel Moreno (5º), Igor Antón (9º) y Beñat Intxausti (10º).

Gerardo Fuster

La frase del viernes

“Meca!  Llevo un semana y media sin hacerme pajas y viendo porno todos los días para sacar testosterona para la carrera!!!”

Enol Costales Cortina – Dos días antes del Criterium de Gijón